Es de noche, viernes, la calle posa serena y tranquila. El barrio duerme, y los árboles se comunican en silencio; despeinados se miran los unos a los otros. Los charcos, vestigios de la lluvia reflejan en su oscuridad el espejo del cielo, que ahora luce despejado después de tanto llorar. Me gusta el barrio, tranquilo y sereno, armonizado por el canto de los insectos... La gente duerme, descansa; olvidan en el recuerdo el duro jornal de la semana.

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